Hoy, ha tenido lugar el primer ensayo de los portadores de nuestra cofradía, acompañados por la banda de tambores. Esta sección de la cofradía, como todas, ha ido, a lo largo de los años, adecuándose a la situación que, cada año, le ha tocado vivir.

En los años setenta y ochenta del siglo pasado, la sección de portadores se reunían el Martes Santo para montar el paso; hasta mediados de los setenta la figura se desmontaba de las andas y se dejaba, a lo largo del año, en una peana en la capilla de San Pablo de la iglesia de Santiago, el Real. Con lo cual, el montaje del paso costaba bastante. También, recordar, que, cada vez que salía a la calle, se desmontaba la cruz. Se dejó de hacerlo cuando, un año, al montar la cruz, se rompió una espina de la corona. En ese momento, se decidió sacarlo tal y como se hace ahora.

Posteriormente, se participaba en las procesiones del Encuentro y el Santo Entierro, se desmontaba el paso y se dejaba hasta el año siguiente. Con el paso de los años y, al dejarlo montado en las andas en la misma capilla de San Pablo, el montaje costaba menos tiempo hacerlo.
Como datos curiosos, recordar que las antiguas andas del Nazareno Viejo, no se tiraron. Pasaron a llevar el paso de la Oración en la procesión del Santo Entierro. Será en 1981, cuando esas andas vuelvan a llevar al Nazareno Viejo en el Vía Crucis de la Juventud que, partiendo de la Fuente de Murrieta llegaba a la ermita del Cristo del Humilladero.
Será a principios del siglo XXI cuando comiencen los ensayos de los portadores. Primero con un armazón de madera, luego con las andas del Nazareno a partir de 2010 cuando se hacen andas nuevas.

Este año nos quedan, todavía, tres ensayos más; el próximo día 8 de marzo el ensayo “Portando Solidaridad”, el día 15 con el recorrido del Encuentro y, el último, el día 22 en TDN.
Ahora mismo es una sección viva, con incorporaciones todos los años de hermanos deseosos de ser los pies del Señor camino del Calvario. Por contra, y como ha pasado siempre, tenemos a los hermanos que, tras ser portadores, deben dejar paso a las nuevas generaciones. Decisión que cuesta, primero tomarla, después asumirla y, finalmente, llevarla adelante. Y, sobre todo, el primer año es duro, muy duro. Estar debajo de nuestro Nazareno es una experiencia única y muy enriquecedora para cada uno de los portadores. Siempre quedará el diálogo interno, profundo e íntimo entre cofrade y Nazareno, donde nadie puede entrar. Y los portadores, nos apartamos sabiendo que hemos formado parte de una tradición auténtica que, solo se puede llevar a cabo recorriendo las calles de Logroño, nuestra ciudad.
