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ALEJANDRO NARVAIZA RUBIO 1940-2024

El pasado día doce de noviembre fallecía el fotógrafo, escultor y pintor Alejandro Narvaiza Rubio. Como decía la prensa local, el arte riojano pierde a uno de sus referentes. Chileno de nacimiento, pero riojano y logroñés de adopción, comenzó a trabajar en los años 60, uniéndose a su tío, Alejandro Rubio Dalmati. Trabajaban en el mismo estudio, pero cada uno haciendo su trabajo, hasta que, en 1964, le planteó Alejandro Rubio Dalmati la posibilidad de colaborar en la elaboración de un mural de 18 metros de largo por 3,5 metros de alto para el Colegio de los Boscos de la ciudad chilena de Concepción. Comenzaba una colaboración que ni la misma muerte logró separar. En obras posteriores a la muerte de su tío, aparece la firma Escultores Dalmati-Narvaiza. Razón por la que, pareciera haber estado siempre a la sombra de su tío; Fallece Alejandro Narvaiza, las otras dos manos de Dalmati rezaba otro titular de la prensa local.

Uno puede pasear por la ciudad de Logroño y encontrarse con el legado del escultor, como él se definía a sí mismo y a su tío, en diversos puntos de la capital riojana. El relieve de la Sagrada Familia (1972) en la parroquia del mismo nombre, la cabeza del Doctor Zubía (1974) en la Glorieta, el Monumento al Fuero de Logroño (1977) en Avenida de la Paz, el Monumento a los Donantes de Sangre (1983) en la calle Pérez Galdós, la Fuente de los Ilustres (1999) en la Gran Vía, el Monumento a los Marchosos de Valvanera (2003) en la Plaza de la Diversidad; ya en solitario realizó el Monumento a las Enfermeras Riojanas (2016) en el Paseo del Prior. Fuera de Logroño, la Cruz Blanca (1970) en la subida al Monasterio de Valvanera, el Monumento a la Barranca (1979) en Lardero o el Monumento a los Payeses (1972) en Lérida.

Pero, para los cofrades nazarenos logroñeses, siempre será el autor de “nuestro Nazareno”. El único referente en cuanto a escultura procesional anterior es cuando Alejandro Rubio Dalmati esculpe un yacente para el pueblo aragonés de Tauste hacia 1967, teniendo bastante repercusión en la prensa riojana de la época. Es por ello, según comentaba el propio Alejandro, que, un día, Eugenio Ugarte Alonso se presentó en su taller para solicitarle un Nazareno para Logroño debido al deterioro y al escaso tamaño que tenía el que se procesionaba entonces, el Nazareno Viejo.

En un primer momento se le solicitó por la Cofradía que se restaurara el Nazareno que está en la ermita del Cristo del Humilladero. No fue favorable, ya que era una figura de bastidor y “con escasa gracia en la resolución de la cara”. Por el contrario, planteó confeccionar una nueva obra; espectacular, de más de dos metros de altura que, además de chocar frontalmente con la imaginería del momento, asumía la nueva Iglesia salida del CV II. El costo de la imagen fue 125.000 pesetas de la época, incluyendo en el proyecto la figura, las andas, hábito y escudo de la cofradía.

La figura la realiza en madera de abebay, caoba africana de las consideradas muy caras en aquellos años. Toda la madera la compra en Bilbao y la trae a Logroño. La figura nazarena la realiza con tablones de 14 cm. de ancho encolados unos a otros. Con eso se consigue que no sea de una sola pieza, ya que existe el peligro que, ante el mínimo golpe que sufra, la imagen se rompa por cualquier sitio. Comentó que en la confección de la imagen, sacó más de 600 kilos de virutas.

En esta obra Narvaiza, quiso buscar una visión personal de la figura de Jesucristo. Lo ve como un trabajador que usa las manos como elemento de la actividad laboral. Por eso las manos son fuertes y grandes. Respecto al tema de las manos en la obra del dúo Dalmati-Narvaiza, conviene recordar que su tío en sus memorias La razón de lo irracional, comentaba que “Yo era muy pequeño, y lo veía todo de abajo a arriba. Miraba las manos de los que hablaban, que se movían y revolotean por encima de mi cabeza. Toda mi atención se centraba en aquellas manos que me parecían enormes”. Respecto a esto, comentaba el actual Presidente del Gobierno de La Rioja, entonces Consejero de Educación, Cultura y Turismo, Gonzalo Capellán, que “No será extraño…que el tratamiento de las manos haya sido un rasgo distintivo de ambos artistas tanto en las obras pictóricas como escultóricas” (1)

La cara muestra belleza varonil. El Nazareno logroñés muestra agotamiento, plasmado en la mano que cae. Es una imagen pesada realizada para verla en la calle, para lo cual se le dota de cuatro faroles uno en cada vara exterior de portar y el foco de camión que le ilumina la cara, creando juegos de luces y sombras que acentúa el dramatismo con el movimiento de la imagen al procesionar, ayudado por los carriles de luces de escasa potencia que bordean la parte superior de las andas. Una imagen para verla venir de lejos. El tratamiento del ropaje está muy simplificado. Por otro lado, no hay técnica del estofado y está recubierto con pintura de carrocero- automóvil, para ser inmune a los elementos atmosféricos.

Diseña las andas de la cofradía, realizadas en el taller de Ruperto Grijalba. En ellas sigue   la idea de la simplificación, de tal manera que lo verdaderamente importante sea la imagen. El hábito también fue obra de él mismo; color tierra y capuz de verduguillo color blanco. Significado del color del hábito la “humildad y pobreza” con que concibe el ser y sentir de las cofradías. Por otro lado, la forma del capuz es porque no le gustan los capirotes, pues le recuerdan a movimientos racistas de otras tierras. (2)

Descanse en paz, Alejandro y que siempre permanezcas en el corazón de la cofradía nazarena y de todos y cada uno de los cofrades que la forman y han tenido el honor de portar en sus hombros la imagen gubiada por tus manos.

(1)Dalmati- Narvaiza 1913-2013. Cultural Rioja, Logroño 2013.

(2)Todos los datos sobre la imagen de Jesús Nazareno, están extraídos de la entrevista que el 29/09/2014 se llevó a cabo en el domicilio particular de Alejandro Narvaiza Rubio con  Antonio Bonet Salamanca y José Manuel Ugarte Pereira